experimentados. Los entornos inteligentes han surgido
rápidamente como un paradigma nuevo y emocionante que
tiende a incluir diferentes campos de investigación de la
computación ubicua y en red [2]. Podemos definir entonces a
los ambientes inteligentes como “aquellas tecnologías
significativas que se mimetizan entretejiéndose en la trama
de la vida cotidiana hasta que se tornan indistinguibles de la
vida misma” [3]. A partir del año 1999 se ha aplicado el
término "Inteligencia Ambiental –AmI" [4] para describir
una visión donde "las personas estarán rodeadas de interfaces
inteligentes e intuitivas embebidas en objetos cotidianos de
nuestro alrededor y un entorno que reconoce y responde a la
presencia de individuos de manera invisible”. Un entorno
inteligente es el espacio integrador de un entorno físico con
una colección de sistemas embebidos dedicados a la
recopilación de información de un escenario determinado en
un contexto heterogéneo [5] existiendo una infraestructura
capaz de almacenar, compartir, entender y manejar esta
información
En los edificios inteligentes se utilizan microcontroladores
y sensores para automatizar diversos parámetros, entre ellos
la iluminación y el acondicionamiento del aire, constatando
la presencia de individuos tendiendo al ahorro energético y a
una utilización más eficiente de la energía y al confort de los
ocupantes de un ambiente. Domótica es un término de la
tecnología de la información y la comunicación que se utiliza
en edificios donde diversos componentes se comunican a
través de la red local. Esta tecnología se puede aplicar para
controlar, prevenir y actuar de acuerdo con los criterios
seleccionados. Así cada uno de los elementos de la red es
capaz de comunicarse con otras “cosas” del entorno a través
de Internet, teléfonos fijos o teléfonos móviles. Un edificio
inteligente es un tipo de edificio con tecnología instalada
propia de los ambientes inteligentes [6].
La integración de las redes de sensores inalámbricos con
la red cableada tradicional plantea diversos retos técnicos [7],
centrados fundamentalmente en el desarrollo de sensores y
de la infraestructura de redes de sensores (WSN).
En el contexto descripto, entre las cuestiones más difíciles
de considerar se encuentran las de: ¿Cómo evaluar, construir
y mantener un servicio en un ambiente inteligente de manera
sustentable? ¿Cómo puede la sociedad donde habitamos
disfrutar de éste pretendido estándar de vida elevado sin
afectar a la naturaleza y el ambiente?
Para hallar respuestas válidas a las cuestiones precedentes,
debemos hacer converger a los diferentes campos
tecnológicos y sociales para que cooperen en el
establecimiento del servicio pretendido. La evaluación de la
sustentabilidad de las aplicaciones ha comenzado a ocupar un
lugar preponderante en la concurrencia de mejorar la
tecnología y reducir el consumo de recursos naturales
existentes [8].
Las oficinas inteligentes surgieron como concepto durante
la década pasada en Alemania. Gran parte de nuestra vida la
pasamos en oficinas, por lo que éstas deberían ser sitios
amigables que brindan un entorno agradable para sus
usuarios. Pero, ¿Qué es una oficina inteligente? Se considera
así a aquella que reconoce las actividades que se desarrollan
en su entorno, siendo capaz de realizar un análisis de lo
consumido, desperdiciado y gastado de los recursos
disponibles. En tal sentido, debemos tener presente que los
edificios, en forma global, son responsables del consumo de
17% del agua dulce, 15% de productos maderables, 33% de
emisiones de CO2 y 40% de energía y materiales [9].
Se conocen como ambientes inteligentes a aquellas
tecnologías que se presentan como sensibles, receptivas,
adaptables, transparentes, omnipresentes e inteligentes [10].
Todos estos ambientes deben permitir la posibilidad de
interacción entre los diferentes elementos que conforman los
distintos entes. Se entiende por interoperabilidad [11], a la
capacidad que poseen las entidades participantes en una
comunicación de: 1) compartir cierto tipo de información, 2)
procesar esa información de acuerdo a una semántica
operacional previamente acordada.
Los hogares y oficinas inteligentes unifican el hecho de
utilizar sensores y las tecnologías de la información de forma
transparente para electrodomésticos y elementos de oficinas
[12], tratando de administrar el uso eficiente de la energía a
través de redes inteligentes. Esta es la base de construcción
de Smart Grids, siendo éste tipo de redes de energía la fusión
de redes eléctricas existentes y de los sistemas de
comunicación para controlar los elementos de la red,
beneficiando tanto a instalaciones residenciales como
industriales y comerciales.
En el dominio emergente de las redes de sensores existe
una amplia variedad de dispositivos con diferentes
capacidades, desde sistemas relativamente potentes con
procesadores de ordenadores y las interfaces inalámbricas de
banda ancha -IEEE 802.11-, a otros de mucho menor
capacidad, siendo los mismos nodos de baja potencia de
cálculo, almacenamiento y transmisión. En este entorno es
preciso contar indefectiblemente con herramientas de
automatización avanzadas, las cuales deberán ser capaces de
implementarse por medio de nóveles tecnologías de medición
[13].
En este trabajo se considera que una arquitectura basada
en múltiples agentes -que aplican inteligencia y colaboración
para actuar sobre determinados elementos distribuidos -
definidos por el usuario- puede resolver procesos de decisión
complejos, dinámicos, tal como los objetivos planteados en
esta implementación de ambientes inteligentes.
El enfoque se fundamenta en el hecho que los
acontecimientos internos del ambiente, generados ya sea por
deseo de un usuario determinado o por una situación en el
entorno; necesariamente deben ser controlados. Frente a un
caso de incendio no se pretende activar simplemente una
alarma. En tal caso, lo que se pretende -sobre la base de los
servicios disponibles en términos de alarmas, rociadores, y
puertas- es inferir el estado del ambiente y la ubicación de sus
usuarios, para luego componer los servicios que garanticen la
máxima seguridad para los alumnos o profesores presentes,
así como también, la protección del edificio en sí mismo. Esta
filosofía de diseño para entornos como los considerados en la
UNaM, aportan también un valor agregado fundamental, y es
que el sistema puede exportarse a instituciones similares con
una reconfiguración mínima. De hecho, el mismo evento se
tratará de manera diferente en diferentes lugares,
Revista elektron, Vol. 1, No. 1, pp. 23-28 (2017)
http://elektron.fi.uba.ar